Una sonrisa, una sola sonrisa de Jesús es más valiosa que todo el oro del mundo

El Evangelio sigue hablando a cada uno, y como un personaje más, podemos introducirnos en sus escenas y ver la figura de Jesús con los ojos de quienes convivieron con Él.

Una sonrisa, una sola sonrisa de Jesús es más valiosa que todo el oro del mundo.

Justo eso fue lo que descubrí en la sonrisa de cada uno de los residentes de Virgen del Socorro, y de toda la obra social. ¿Qué puede hacer el prodigio de un amanecer o un atardecer en la ladera del volcán del agua, dibujando toda la grandeza de la creación en medio de esta, la obra de Virgen del Socorro, donde viven los privilegiados de Dios? Justo en esos rostros angelicales de Keneth, Gabriela, Angelito, Roberto, el pollito, Aura Lilly, Carlos y compañía.

Durante el tiempo que pude convivir con ellos, arrancarles una sonrisa fue como arrancar una sonrisa a Jesús doliente, quitaba los clavos que sujetaban el madero de Jesús con unas tenazas y mis tenazas eran los dulces, galletas y angelitos que compartía con ellos y por los cuales recibía a cambio el regalo más precioso, sus bellas e inocentes sonrisas con las que me decían “Gracias”. Sentía que, al usar mis gorros y disfraces, para escuchar las risas de Vicky y Gladys, quitaba las espinas que se enredaban en los cabellos de Jesús y, también advertí que, daba de beber y de comer al mismo Jesús cuando calmaba la sed y el hambre de Julio y pollito.

¡En mis años de vida religiosa franciscana nunca había sido tan feliz!

¡Qué dicha haber acompañado la vida de los residentes de Virgen! seres especiales que me dieron con sus sonrisas y cariño más cariño de lo que yo pude darles.

He vivido casi 40 años trabajando en el campo educativo, donde me realicé como ser humano y religioso, pero nunca me había sentido afortunado como en Virgen del Socorro y en la fraternidad con los hermanos. Estos casi tres años en los que estuve en Obras Sociales me han ayudado a liberarme de prejuicios y a ser más tolerante, a comprender el sufrimiento de los demás.

La sonrisa de Jesús por medios de estas personas, o ángeles como decía el Padre Contran, son un espiral infinito hacia el cielo y que me abrazará por los tiempos de los tiempos. Hoy “nadie me quita lo bailado” como decimos los colombianos, hoy siento que fue un regalo de Dios y una oportunidad de salvación.

¡Como los recuerdo y extraño! espero un día no muy lejano volver a encontrarlos de nuevo.

Mil bendiciones. Seguiré conectado con las Obras Sociales. Gracias por todo.

Fray Joaquin A Echeverry J.

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